Caída

Quiero contar una historia. Puede ser mi historia, también la tuya. No es importante. Lo significativo es que es absolutamente real. Me tomo la licencia de relatarla en primera persona:

Un día buen día, paseando no recuerdo por donde, podría ser un bosque o bien la ciudad en la que resido (es un detalle sin importancia), descubrí “algo” que me llamó fortísimamente la atención. Lo nombro como “algo” porque no tenía forma definida, era y no era a la vez. Me atraía, solo veía su sombra. Y claro, me puse a perseguirlo, literalmente había una fuerza que me impelía a hacerlo. Siguiendo su rastro me encontré en un entorno, una habitación, un espacio que me resultaba remotamente conocido, sentí un dejavu, había estado ahí estado en otras ocasiones y sin embargo todo me parecía irreal, no sabía cómo encajarlo.

Reconocí detalladamente esta habitación, sabía que lo que estaba buscando había entrado por ahí, pero descubrí que de pronto que estaba sólo. No había nadie ni nada. Me detuve unos minutos, rebobiné mentalmente y palpando intuitivamente descubrí una puerta. Sí una puerta. No la había detectado porque era una puerta muy muy pequeña. Evidentemente no podía pasar por ella debido a mi tamaño, pero quizás la había utilizado lo que andaba persiguiendo, sea lo que fuese. Me sedujo saber que habría detrás de esa puerta tan pequeña que no podía atravesar. ¡Soy tan voluminoso! De pronto me di cuenta de que había también una mesa en esta sala…y en ella un plato con unas galletas y un trozo de tarta con una pinta deliciosa. En este punto sentí que tenía dos opciones muy claras: salir de ahí retomando mi presunta realidad o comer de ellas a riesgo de viajar hacia lo desconocido. Opté como habrás intuido por la segunda opción. Tomé una galleta y la comí. Estaba deliciosa. Y se empezó a crear dentro de mí una sensación muy extraña de cambio, de transformación. Mi tamaño se redujo de tal manera que podía pasar por la puerta pequeña puerta que tanto me atraía. La abrí cuidadosamente. Estaba oscuro, muy oscuro, pero era agradable. Entré y de pronto me vi descendiendo en vertical a través de un túnel que se iba iluminando poco a poco, un túnel infinito y yo estaba allí, cayendo, pero sin miedo. Confiaba. Me dejé caer, total no tenía otra cosa que hacer. Estaba viviendo por fin mi propia aventura. Y aterricé de una manera suave en un universo absolutamente mágico. Creo que recordar que había un conejo que miraba el reloj, una reina de corazones, un gusano que fumaba, etcétera. Pero bueno, esto ya es otra historia.

Feliz día

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