De sorpresa en sorpresa

No sé lo que me queda, me temo que nadie lo sabe.

Ni tan siquiera sé el próximo hito que aparecerá delante de mí.

Tengo agenda, eso sí, bastante llena, por cierto. Y espero que ésta, la agenda, no me quite la posibilidad de tener una sorpresa, de que un fugaz acto de revelación mística me abra las puertas a una sonrisa de complicidad. Con esto me conformo, ni más ni menos.

Mientras tanto deseo que el devenir gris, casi oscuro, de un día programado no me sitúe en la indolencia y la queja, como de costumbre.

Para eso estoy practicando la atención, para encontrar los huecos donde se cuela con fuerza la vida. Poco más tengo que hacer.

No sé dónde leí que iluminación no es nada más que el agotamiento de una vida centrada en el yo. De repente descubrimos que sólo buscamos nuestra satisfacción personal, estamos encadenados a nuestras eternas preocupaciones personales y esta búsqueda se nos queda muy pobre. Podría decirse que hemos llegado al final de esta relación con la experiencia humana dolorosamente centrada en nosotros mismos.

Un nuevo universo se despliega ante nuestros ojos…

Feliz día

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