MI DOLOR

Mi dolor.
Pues sí, en muchas más ocasiones de las que me gustaría me siento dolido. Como lo cuento. Tras muchos años de desarrollo personal y espiritual, las heridas del alma siguen aflorando.
Partí, creo que, como todos, buscando una plenitud utópica, con una mala interpretación de la iluminación. Creía que de golpe accedería a un paraíso esencial donde todo fuese bonito y elevado. Poco menos que estar a la derecha de Dios contemplando el paisaje, pletórico de Luz y de Amor. Por fin soltaba mi ansiedad crónica y me abría a un universo perfecto e integrado.
Con el tiempo y un sinfín de tropiezos, me he dado cuenta que no es así, al menos en mi caso. Y no considero que sea porque sea demasiado torpe, como a veces digo en broma. Observo que partía de una percepción equivocada, La práctica espiritual, al menos en la etapa inicial, esta llena de falsos mitos que hay que desestimar poco a poco; es nuestro aprendizaje.
A medida que profundizo, constato que el camino es el de abrirme en canal, por lo que el dolor inicial no solo no se diluye, sino que se amplifica exponencialmente. La desazón se ha ido haciendo cada vez más grande, a veces hasta tal punto de creer estar completamente loco y a punto de que me estallara la cabeza. También hay momentos de gran placidez, una felicidad indescriptible. Exageraría si sólo hablara de los momentos contractivos.
Me voy haciendo amigo del dolor, no sólo del mío, también del de las personas que quiero y por extensión, del dolor de todos los seres vivos. Sin proponérmelo, me estoy convirtiendo lentamente en un crisol de transformación.
Y no hay vuelta atrás. Pude optar al comienzo de este camino a renunciar a él o bien quemar mis naves de regreso para adentrarme en esta senda sin planos y llena de peligros.
Tiene sentido sentirme dolido. No es agradable, pero forma parte de mi sanación, y por extensión, al menos de la de mi entorno.
Un fuerte abrazo.

Una idea en “MI DOLOR

  1. Charo Responder

    Gendo, qué bien has descrito el proceso.
    Me ha resonado que no hay marcha atrás. Uno ya no puede salirse de la senda, podemos distraernos en el camino pero la senda sale a nuestro encuentro!
    El dolor y la dicha, péndulos sanadores ambos.
    Gracias por compartir con nosotros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *